Cómo configurar un Plan de cumplimiento que se ejecuta solo, todos los días

Unas manos giran el dial de un temporizador de riego montado en un grifo mientras, detrás, una hilera larga de canteros recibe un goteo parejo bajo la luz cálida de la mañana

Cómo configurar un Plan de cumplimiento que se ejecuta solo, todos los días

La primera vez que abres la configuración del agente de cumplimiento no encuentras un formulario largo. Encuentras unas pocas decisiones. Quién debe cumplir, cuánto tiempo al mes puedes pedirle a tu gente y desde cuándo empieza a correr el Plan de cumplimiento.

Ninguna de ellas es una decisión técnica. Son decisiones de criterio, y de ellas depende que el plan avance a un ritmo que tu organización tolere o que se convierta en una fuente de reclamos internos. Cuando presentamos el Compliance Center contamos qué muestra el tablero y qué hace el agente con lo que encuentra. Acá bajamos un nivel, al de la configuración.

¿Qué es un Plan de cumplimiento?

Un Plan de cumplimiento es la secuencia de asignaciones que el agente del Compliance Center de SMARTFENSE arma y ejecuta día a día para llevar tu programa de concientización desde la cobertura que tiene hoy hasta la que exige cada norma. No es un documento que se aprueba y se archiva. Es una lista viva de acciones que se recalcula cada vez que cambia la organización o el estado de una formación.

Se define una vez, y a partir de ahí el trabajo diario deja de ser tuyo.

¿Cómo defines el universo de cada norma?

El universo responde a la pregunta que rompe la mayoría de los porcentajes. Quién debía cumplir. Un programa puede marcar 100% habiendo capacitado a una fracción de la organización cuando el denominador se cargó a mano y quedó viejo.

Acá el universo no se escribe, se describe. En lugar de subir una lista de nombres, señalas el grupo, el área o el rol dentro del directorio que ya usas para dar acceso a los sistemas. La diferencia aparece en septiembre, cuando ingresan cinco personas nuevas. Si el universo es una lista, alguien tiene que acordarse de agregarlas. Si es una regla sobre el directorio, ya están dentro.

Cada norma lleva su propio universo, y conviene definirlos por separado desde el primer día. Una norma técnica como ISO 27001 puede alcanzar a las doscientas personas de sistemas y seguridad. Una política interna que todos deben leer y aceptar alcanza a la empresa completa. Un requisito local puede quedarse en las quinientas personas de una filial. Son tres denominadores distintos, y promediarlos en un número único es justamente lo que vuelve inútil el número.

¿Cuánto tiempo al mes puedes pedirle a tu equipo?

El presupuesto mensual es el campo que más se discute y el que más define cómo se vive el programa desde adentro. Es el tiempo de formación que estás dispuesto a pedirle a cada persona por mes, y funciona como límite duro. El agente no lo excede, aunque queden brechas abiertas.

Elegirlo es un intercambio directo. Un presupuesto alto cierra las brechas antes y pone el tablero en verde más rápido, con el costo de saturar a gente que además tiene su propio trabajo. Un presupuesto bajo se tolera sin esfuerzo y estira el plan durante meses. La lógica del microaprendizaje sostenido aplica igual acá. Las dosis chicas y frecuentes retienen mejor que una jornada intensiva una vez al año, y no compiten con la agenda de nadie.

Si tu organización nunca tuvo un programa continuo, arranca por debajo de lo que crees que aguanta y ajusta después del primer mes. Subir el presupuesto cuando el equipo ya se acostumbró al ritmo no genera resistencia. Bajarlo después de haber saturado a todos, sí.

¿Qué hace el agente cada día con esa configuración?

Con esas decisiones tomadas, el agente trabaja bajo reglas fijas.

Asigna una cosa a la vez. No envía un paquete de seis formaciones el primer día ni acumula pendientes en el perfil de nadie. Cada persona ve lo que le toca ahora, y lo siguiente aparece cuando cerró lo anterior.

Respeta el presupuesto que fijaste. Si el mes ya consumió el tiempo disponible de alguien, esa persona no recibe nada más hasta el mes siguiente, incluso con brechas abiertas a su nombre.

Prioriza la mayor brecha de la organización, no la más fácil de cerrar. Es la regla que más cambia el resultado final. Un plan armado a mano tiende a avanzar por lo cómodo, porque cerrar veinte pendientes de una formación corta se siente productivo. El agente ordena al revés y ataca primero donde el hueco es más grande, que suele ser también el más incómodo de abrir.

El efecto es que el avance del tablero se vuelve aburrido en el mejor sentido. Sube un poco cada semana, sin meses planos ni picos en la víspera de la auditoría.

¿Qué te queda por supervisar?

Bastante menos, y de otro tipo. Lo que desaparece es la parte mecánica, la de decidir cada semana quién necesita qué y en qué orden.

Queda revisar que los universos sigan describiendo lo que quieres exigir cuando la empresa se reorganiza. Queda ajustar el presupuesto si el ritmo molesta o si va demasiado lento para la fecha que tienes en mente. Y queda mirar la evidencia por persona cuando alguien la pide, que ya está registrada junto al componente donde publicas tus normativas y políticas.

El reparto es el mismo que resumimos al presentar la herramienta. Tú supervisas; él ejecuta.

La fecha de inicio se cuenta hacia atrás

Es la decisión que parece más trivial y la que más se subestima. La fecha de inicio marca el momento desde el que empieza a acumularse la cobertura, así que la forma sensata de elegirla es contar hacia atrás desde tu próxima auditoría y dejar margen para que el presupuesto mensual alcance a cerrar lo que falta.

Un plan que arranca tarde no te pone en incumplimiento. Simplemente llega al día de la revisión con el tablero a medio camino, y esa distancia ya no se recupera apretando el ritmo al final. Es el mismo problema de fondo que cuando la cobertura vence en silencio y nadie la renueva hasta que alguien pregunta.

Estamos afinando el Compliance Center junto con los primeros equipos que lo están usando, así que la configuración que describimos acá va a seguir moviéndose con lo que nos digan. Si trabajas con cumplimiento y quieres tomar estas decisiones sobre tu propio universo, puedes conocer la plataforma o escribirnos para una demo y sumarte al grupo de early adopters.

Nicolás Bruna

Product Manager de SMARTFENSE. Su misión en la empresa es mejorar la plataforma día a día y evangelizar sobre la importancia de la concientización. Ha escrito dos whitepapers y más de 150 artículos sobre gestión del riesgo de la ingeniería social, creación de culturas seguras y cumplimiento de normativas. También es uno de los autores de la Guía de Ransomware de OWASP y el Calculador de costos de Ransomware, entre otros recursos gratuitos.

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